La Red

Los frutos femeninos de la mente

Desde que estamos juntas, las Lobas no dejamos de meditar y debatir acerca de este tema: además de sentir, experimentar, intuir ... ¿cómo y desde qué lugar pensamos las mujeres?

 

Intuimos, sentimos y experimentamos que nuestro pensamiento se origina en una entidad orgánica (mente-emociones-cuerpo) de polaridad sexual diferenciada: en nuestro caso, femenina. Esto quiere decir que se gesta en una totalidad orgánico-hormonal receptiva, cóncava, envolvente. Así como en el caso de “ellos” esta operación central de la cultura humana –la producción de ideas- se produce a partir de organismos diseñados para la irrupción y el incrustarse en el mundo de afuera.

 

Creemos que hasta el presente se soslayó bastante esta obviedad, dándose por hecho que los productos de la mente, que organizan y condicionan las culturas, son de índole universal. Y que no se ha subrayado lo suficiente (aunque es cierto que se lo ha mencionado muchas veces) que los cauces y surcos ideológicos e incluso espirituales de la civilización actual, fueron expresados casi en un 100 % a partir de organismos masculinos. Mucho entusiasmo pusieron las Palas Ateneas de la historia, esto es obvio, en el apoyo de esta creencia ciega.

 

Una de las buceadoras más lúcidas de los misterios de lo femenino, Esther Harding, nos recuerda que los cambios de vida de la mujer contemporánea –los supuestos logros de la Amazona- han generado un tironeo en aquellas mujeres capaces de verse a sí mismas como individuos conscientes. El hecho es que no resulta posible en nuestros días recuperar la naturaleza arcaica femenina apelando sólo al viejo camino instintivo e inconsciente de nuestras antepasadas. El haber adquirido un nuevo grado de conciencia, hizo que se cortara para nosotras el antiguo, directo y fácil camino de la naturaleza. En definitiva: si hemos de volver a tomar contacto con nuestra parte femenina perdida, ha de ser inevitablemente reparando el malentendido milenario entre Palas y Gea...

 

En los albores de la nueva propuesta que lo femenino parece estar trayendo al planeta, esa síntesis sólo se logrará conservando y agradeciendo nuestra índole de gestadoras y conservadoras de frutos -los del vientre, tanto como los de la sensibilidad y los de la mente. Reconociendo y celebrando la singularidad de esta unidad molecular que somos, destinada a unirse en paridad con la singularidad masculina. Confiando que a través del encuentro complementario de nuestras respectivas diferencias de género, el tejido vital de lo humano podrá ser un ámbito propicio para el renacimiento del planeta.