
Un trabajo DESDE lo femenino... PARA mujeres y PARA todo varón de mente y corazón abiertos. Un viaje HACIA la transformación del vínculo femenino-masculino.
Durante el año 2001, las doce mujeres que iniciamos esta experiencia leímos juntas este texto por primera vez. Cuento a cuento, fuimos dejando que la fuerza de sus imágenes activaran en nosotras viejas improntas, sellos arcaicos –perdidos, olvidados- de lo femenino. Espontáneamente apareció el apelativo “la manada” para conceptuar la índole protectiva y contenedora de nuestros encuentros. Y pese al prejuicio que entraña la palabra Lobas –al aplicársela a mujeres- aceptamos de buen grado ser identificadas de esa manera por quienes desde el principio nos miraron con simpatía, no nos enjuiciaron ni se asustaron ante nuestras osadías y sobre todo, intuyeron nuestro propósito grupal.
Casi todas las mujeres de esta red trabajamos dentro y fuera de nuestros hogares, algunas somos profesionales, otras amas de casa (en general ambas cosas), algunas solteras, otras casadas y con hijos, otras divorciadas, con o sin hijos. Algunas de éstas, además, son abuelas. Las edades de las activas y vagabundas oscilan actualmente entre los 27 y los 75 años; y entre las lobas de los grupos anexos contabilizamos ya adolescentes y bisabuelas. Los más pequeñitos están siempre por derecho propio con nosotras- en las panzas como en los puerperios- como no podría ser de otra manera en un grupo femenino. Por ese motivo la guardería se esboza en estos días como una de las necesidades más apremiantes a cubrir, en nuestro nuevo hábitat común.
En los años siguientes al arranque, el trabajo se desplegó: no sólo aumentó el número de integrantes sino que, además, incorporamos otros materiales para el ejercicio investigativo, en particular fuentes mitológicas de orígenes diversos. Entendimos también que nuestra manada femenina, lejos de ser una entidad cerrada y oculta, iba adquiriendo rasgos de red a través de su estilo de explicitación de sus propósitos y de su constante ampliación. Y también porque nuestro trabajo se fue en-red-ando con el de otros grupos afines, corroborándose que el aprendizaje auténtico fluye con más potencia cuando se lo cultiva en pluralidad. Así se fue de a poco asentando nuestra identidad actual, sobre todo cuando a fines del 2003 empezamos a definirnos como Red LunaVenus.